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“Imagino que esas gentes sin nombre, esas gentes inmaculadas, me vigilan ocultas detrás de arbustos. Doy grandes saltos para suscitar su admiración. Y por la noche, en cama, las dejo pasmadas maravilladas. A menudo muero atravesada por flechas para ganarme su llanto. Si dice, o veo por las etiquetas en sus maletas, que pasaron las vacaciones en Scarborough, el pueblo entero se cubre de oro y todas sus calles resplandecen. Por esto odio los espejos que revelan mi rostro verdadero. Sola, con gran cautela, para no rebasar los límites del mundo y caer en la nada. He de golpear con la mano una dura puerta, para llamarme a mí misma a fin de que vuelva a entrar en el cuerpo”

Extracto de Las Olas, de Virginia Woolf.  

¿Seremos todos así sólo que nunca lo compartimos?

 

‎”El viaje no tuvo historia, es lo que siempre dicen los narradores apresurados cuando creen poder convencernos de que en los diez minutos o diez horas que van a viajar nada sucedió merecedor de señalada mención. Deontológicamente sería mucho más correcto, y más leal, decir así, Como en todos los viajes, sean cuales sean su duración y trayecto, acontecieron mil episodios, mil palabras, mil pensamientos, y quien dice mil diría diez mil, pero el relato ya va arrastrado y por eso me tomo la licencia de abreviar, usando tres líneas para recorrer doscientos kilómetros, como si cuatro personas en el interior de un automóvil fueran calladas, sin pensamiento ni movimiento, fingiendo, en fin, que del viaje hecho no hicieron historia”.
José Saramago, La Balsa de Piedra

Palabras ideales.

“De un tirón se arranca el pañuelo que le contiene el pelo, volcando el mineral de su melena encabritada, más vigorosa que ella misma, nidal de víboras que le absorben toda su vitalidad con su enigmático crecimiento de matorral, de zarza“.

El Mocho, de Jóse Donoso

No sé por qué la primera leída de este pedacito me trajo muchos olores y recuerdos del norte y de las mineras y de los espinos. Las palabras.

Adolescente

Teóricamente, hace 6 meses y 23 días que no soy adolescente.

En la práctica, el martes tuve la expresión más grande que he tenido de mi adolescencia (como actitud, no como época) desde mi gira de estudios.  De ese día (el martes) ahora tengo recuerdos difusos, un par de arrepentimientos y otro par de sentimientos tan pasionales que me confronta con mi yo acutal: más maduro, más pasivo y por sobre todo, más reflexivo.

Pero no, no puedo dejar de lado esos recuerdos, esas imágenes y sentirme de 16 de nuevo: peleando medio perdida y bastante agrietada y desvaneciéndome después en un escenario totalmente distinto. Como un sueño.

Ahora me pego el tejazo: un libro puede ser tan inteligente o tan maduro como puede ser su autor, nunca más.

 

(Escritos de Henry Miller sobre June)

“Usa miga de pan como servilleta. A veces se duerme con los zapatos puestos en camas por hacer. Cuando entra en casa algo de dinero, June compra golosinas, fresas en invierno, caviar y sales de baño”.

En los Diarios de Anais Nin (1931-1934)

” –He exagerado la crueldad, la maldad de June –dice Henry–, porque el mal me interesaba. Doy la bondad por supuesta. Pero el problema radica precisamente en que en el mundo no haya personas verdaderamente malvadas. June no es realmente mala. Fred tiene razón, ¿eh, Fred? June trata por todos los medios de ser mala. Fue una de las primeras cosas que me dijo la noche que nos conocimos. Quería qu eyo pensara que era una femme fatale. A mí me inspira el Mal. Me preocupa del mismo modo que preocupó a Dostoievsky”.

En Diario I (1931-1934) de Anaïs Nin.

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