“Imagino que esas gentes sin nombre, esas gentes inmaculadas, me vigilan ocultas detrás de arbustos. Doy grandes saltos para suscitar su admiración. Y por la noche, en cama, las dejo pasmadas maravilladas. A menudo muero atravesada por flechas para ganarme su llanto. Si dice, o veo por las etiquetas en sus maletas, que pasaron las vacaciones en Scarborough, el pueblo entero se cubre de oro y todas sus calles resplandecen. Por esto odio los espejos que revelan mi rostro verdadero. Sola, con gran cautela, para no rebasar los límites del mundo y caer en la nada. He de golpear con la mano una dura puerta, para llamarme a mí misma a fin de que vuelva a entrar en el cuerpo”
Extracto de Las Olas, de Virginia Woolf.
¿Seremos todos así sólo que nunca lo compartimos?


